El Ayuntamiento ha iniciado el pintado de perímetros amarillos de seguridad en el casco urbano para regular la práctica de la mirada perdida. Estas áreas, denominadas Zonas de Abstracción Voluntaria (ZAV), pretenden canalizar el hábito de los vecinos de quedarse en suspenso frente a un muro sin entorpecer el paso de tractores ni generar falsas alarmas ciudadanas.
Protocolo de no intervención
Las marcas incluyen un pictograma de un ojo desenfocado y se sitúan ante estímulos neutros, como medianeras de ladrillo visto. El protocolo municipal prohíbe taxativamente interrumpir al ocupante con preguntas sobre su estado de salud, protegiendo la integridad del ensimismamiento profundo, que hasta ahora se veía fracturado por la excesiva solidaridad de los transeúntes.
La ergonomía del vacío requiere un entorno libre de estímulos que obliguen a la mente a volver al plano físico de forma traumática, afirma Pere Macip, técnico de Movimiento Estático, quien subraya que el cerebro rural necesita latencias para asimilar el precio del gasoil.
Seguridad en el mercado semanal
La policía local ha recibido formación específica para distinguir entre un vecino en fase de abstracción y alguien que simplemente se ha quedado dormido de pie. Para el próximo mercado, se espera que todas las esquinas con sol de tarde estén debidamente señalizadas para garantizar el derecho fundamental al pensamiento nulo.

